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VII. En el mundo que nos rodea
Existen personas fugaces,
que al igual que las estrellas
pasan por tu vida en un segundo.
Sin permiso de entrada,
olvidando el adiós al salir.
Gente gris,
que amargan y arruinan.
Tóxicos.
Que por mucho mal que sepas que te hacen
los tienes siempre ahí,
atrapándote en un oscuro lugar
de donde es casi imposible salir.
Amores de verano
que cambian completamente
el significado del verbo amar,
aportando una nueva
perspectiva a la vida.
Gente mimo.
Rinconcitos; como dirían algunos.
Personas que están ahí,
sin molestar.
Mientras ven el mundo girar.
Y luego, luego estás tú.
Un cofre andante que guarda
los mayores tesoros aún por descubrir.
Capaz de agarrarme la mano
y de volverme la paz,
cuando un mar de lágrimas
inunda mi cuerpo.
A calmar mis miedos y fracasos
con besos y abrazos.
Apostándolo todo por mi,
cuando ni yo mismo
soy capaz de hacerlo.
Quien vacía una a una
todas las piedras
que a base de golpearme con ellas
fueron llenando la mochila de mi vida.
Y es que sin saberlo,
pasó a convertirse en la musa de mis versos
antes siquiera de llegar a conocerla.
Porque a su lado
nada malo puede ocurrir,
ya que tiene un poder;
el poder de multiplicar las alegrías
sacando siempre
la mejor versión
de MI.
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