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IV. Serendipia
Jugaban a esconderse,
mientras recorrían cada recoveco de su cuerpo;
con timidez.
Con la delicadeza de quien sujeta un diente de león
en mitad de una tempestad.
Y en pleno epicentro de aquél frenesí,
entre la marejada de golpes, de caricias, de susurros y,
de jadeos entrecortados
terminaron perdiendo el miedo;
Amándose
para
siempre.

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